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Se acentúan las críticas al presidente de Turquía por su retroceso y su pensamiento ultra conservador. Ya había estado en el ojo de los medios cuando declaró que las mujeres y los hombres no son iguales.
En un país de mayoría musulmana, pero de pensamiento y vida progresista, que durante 50 años deseó formar parte de la Unión Europea, sólo quedan reclamos. Es que desde que asumió el poder, los derechos civiles se han visto golpeados, y la religión vuelve a marcar la vida de los turcos. Una ley de control policial que permite detener ciudadanos por 48 horas sin autorización fiscal, el uso de armas de fuego en protestas, entre otras medidas, refuerzan el clima de protesta ante el temor de la pérdida de la libertad.
En la mira de la UE y de organismos de derechos humanos, Erdogan no solo no asume su conducta retrógrada y obtusa, sino que critica a quienes le señalan sus desaciertos. Mientras el gobierno pretende reintroducir el otomano (turco antiguo, en desuso), los turcos temen y esperan un cambio, ya que los propuestos por Erdogan… atrasan el reloj.

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